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viernes, 22 de agosto de 2014

Resumen de La Lectura Esencial N° 0.3. Modulo III.

Los Mojanes o Chamanes 
protagonistas y autores de los Petroglifos Tachirenses
Anderson Jaimes.
Universidad de Los Andes



Marulanda Ríos Ana
 Sociedad para el Estudio de las Manifestaciones Rupestres de Venezuela (SEMARVE).

El investigador de campo Anderson Jaimes, en esta lectura esencial, aporta una gran cantidad de datos donde aparecen correlatos míticos Indígenas, en el plano mentalmente consciente, inconsciente y subconsciente, que supone toda una estructura de  pensamiento religioso que ocupaba el Mojan o Chaman, sugiriendo  también en el plano material,  las comprobaciones etnológicas y arqueológicas que los muestran  como figura central en la elaboración de los  Petroglifos Tachirenses, región que por su ubicación se convirtió en un punto de paso obligado desde y para otros sitios donde se asentaron importantes grupos humanos, los cuales dejaron un gran numero de vestigios constituyendo los elementos que continúan hablando a los hombres y mujeres de hoy, sobre esas antiguas poblaciones como testigos silenciosos y narraciones mudas de su  vida y desarrollo.

Determinar exactamente las razones que estos grupos tuvieron para realizar los Petroglifos, se hace sumamente difícil, se les han dado una cantidad de interpretaciones que señalan  desde prácticas rituales u ofrendas, intenciones estéticas o la necesidad y vehículo de comunicar saberes, mitos, entre otros. Pero una de las explicaciones que más se ha difundido en los últimos años es de origen neurofisiológico, por la ingestión de narcóticos presentes en plantas que les permite a los Chamanes la observación de determinadas figuras denominadas fosfenos, las cuales son representadas en el arte rupestre e indígena en general. La mayoría de las figuras procederían de alucinaciones a las cuales posteriormente se les asigna un significado. El chamán es el gran maestro del éxtasis; no hay chamanismo sin estado de trance, entra de manera pasiva o desenfrenada con el fin de curar, originar cambios, predecir el futuro y controlar la naturaleza, la cual se les revela como un todo sagrado, por esto es el intermediario entre el mundo de los vivos y el de los espíritus, estos  conocimientos le permiten el monopolio y la legitimación de su poder chamanico.
Fosfenos y  Petroglifos 
Según lo estudiado, el trance ha sido diferenciado como tal, Incluso se propone la clasificación del trance en: eufórico causado por un mecanismo euforizante dominado por chamanes adiestrados que  la utilizan voluntariamente, sin  estímulos externos, como fumar tabaco con cierta técnica, olores, música rítmica, cantos monótonos, objetos simbólicos, presiones sobre el cuerpo, el otro es el trance teatral que cumple la misma función terapéutica integral del anterior y se convierte en el más frecuente de los trances. La teoría neuropsicologica dice que la capacidad de pasar voluntariamente o no de un estado de conciencia a otro, es una característica universal del sistema nervioso humano. De esta manera en los estados alterados de conciencia los tipos de alucinación son uniformes en un primer momento, independientemente de los factores culturales. Los agentes externos que inducen estos estados además de la ingestión de drogas, puede ser la hiperventilación, fatiga, migraña, esquizofrenia, concentración intensa, disminución sensorial, sonidos y movimientos rítmicos persistentes: 
En el primer estado del trance se ven unas formas geométricas de colores vivos que centellean, se mueven, se contraen y alargan y se mesclan. Se perciben pulsaciones luminosas (fosfenos) que con los ojos abiertos se pueden proyectar en paredes y techos, en el segundo estado los chamanes se esfuerzan por racionalizar sus percepciones geométricas y la transforman dentro de sus ilusiones, en objetos cargados de significado religioso o emocional. (Clottes y Lewis- Willians 2001: 16).  Ya en el  estado alterado, se accede por medio de un torbellino o túnel al final del cual se ve una luz viva. Los fosfenos persisten pero pasan a ser periféricos.

 Las formas alcanzan proporciones de alucinaciones icónicas de animales, personas y moustros derivando a seres particulares en función del sistema cultural y de la mente del individuo el cual siente que puede volar y se transforma en pájaro o en otro animal. Para algunas tribus estos animales místicos fundamentales son el águila, relacionada con las placas aladas y que por su vuelo alto lleva al mundo de los espíritus, el zamuro que viaja al mundo de los muertos, la culebra relacionada con el arco iris intermediario entre el cielo y la tierra, el jaguar relacionado directamente con el poder del chamán, entre otros. La experiencia del trance en sus faces, parece estar representado en los petroglifos que se encuentran en el arte rupestre de la región.
Hoy día, sin embargo, gran parte de la práctica chamánica de algunos grupos y la heredada por actuales generaciones de descendientes de grupos autóctonos, como es el caso de los campesinos andinos, no está signada imprescindiblemente por el trance o el éxtasis. Solo hay éxtasis en los rituales y ceremonias más importantes y representativas de la cultura. Durante el siglo XVII y VXIII se condenaron a morir en la horca de la plaza pública de La Grita a varios hombres y mujeres, indios o negros esclavos, acusados de yerbateros, arbolarios o mojanes. Todo esto muestra como los habitantes de Los Andes, tanto indios como esclavos y españoles, creían en el poder de los mojanes como sanadores pero también como responsables de “dañar” o en enfermar. Otro aspecto de la tradición oral colonense señala que los indios huyeron después de estas desventuras, hacia un sitio desconocido como la “Urbina”, territorio montañoso de muy difícil acceso, quedando encantada ya que habitan en forma espiritual, así son muchos los sitios “encantados por los indios”, especialmente por aquellos “conocedores de la brujería”. Pero también permanece estas referencias a los antiguos mojanes en los secreteadores, curiosos, sobanderos y yerbateros. Según muchos de ellos estos conocimientos vienen de los “indios” y fueron transmitidos por algún familiar, Los rituales que aun se conservan, como las pintas o cabañuelas (para determinar los períodos de lluvia) y la siembra del agua. Sus oraciones secretas son poderosas y pueden influir sobre cultivos animales y personas. Sus bebedizos y pociones son potentes medicinas. En fin toda una serie de creencias que se encuentran todavía presentes dentro de los habitantes para el estudio del arte rupestre de los andes y que provienen directamente de esa estructura religiosa del chamanismo o mojanería.
Sin lugar a dudas la figura del mojan o chamán posee un poderoso carácter comunicativo, personificación del llamado poder simbólico, ya que implica la personificación misma de todo el contenido religioso de la cultura aborigen. Nada extraño puede resultar que una persona tan importante esté representada en el arte rupestre. Así un petroglifo no es sólo la mera figuración del chamán, sino que es parte de su poder por ser este quien tiene la capacidad de leerlo, interpretarlo y usarlo dentro de su función transmisora. El petroglifo, como cualquier otro objeto material,   bien puede ser una forma de expresión de este, como una figura humana, cuentas de collares, pendientes, maquillaje corporal, instrumentos y otros, indican diferencias de rango relacionadas probablemente con prácticas chamánicas. El  control de los símbolos materiales resulta ser una estrategia social efectiva en el control de significados que legitima y refuerce el poder simbólico del chamán. Usar ciertos elementos es monopolizar la información contenida en estos artefactos y controlar la forma en que esa información se emite y circula, en los petroglifos de la región conocida como Municipio Ayacucho, del Estado Táchira, son muy abundantes estas figuras con atributos de poder.

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